Si corriste con los de a pie e hicieron que te cansaras, ¿cómo competirás con los caballos? Si tropiezas en una tierra tranquila, ¿qué harás en la espesura del Jordán?
Jeremías 12:5
En 1902, Elena de White escribió: «La época actual es de sumo interés para todos los vivientes. Los gobernantes y estadistas, los hombres que ocupan puestos de confianza y autoridad, los pensadores de ambos sexos y de todas las clases sociales, tienen la atención fija en los sucesos que ocurren alrededor de nosotros.
Observan las relaciones tirantes que mantienen las naciones. Observan la tensión que se está apoderando de todo elemento terrenal, y reconocen que está por ocurrir algo grande y decisivo, que el mundo está al borde de una crisis estupenda» (El ministerio de la bondad, págs. 139, 140).
Como adventistas, creemos que la crisis vendrá «cuando los que honran la ley de Dios sean privados de la protección de las leyes humanas, empezará en varios países un movimiento simultáneo para destruirlos.
Conforme se acerque el tiempo señalado en el decreto, la gente conspirará para extirpar de raíz a la secta aborrecida. Se convendrá en asestar en una noche el golpe decisivo, lo cual reducirá completamente al silencio la voz disidente y reprensora» (Elena de White, El conflicto de los siglos, pág. 693).
La cuestión en juego será la lealtad a Dios, más específicamente la obediencia a la ley divina. Necesitamos ser fieles ahora, mientras enfrentamos pequeñas crisis en casa, en el trabajo, en la iglesia o en cualquier otro ambiente, para desarrollar actitudes sólidas de fe y coraje, para que podamos enfrentar la gran crisis.
Como mujeres, tenemos un gran papel que desempeñar hoy al ser referentes en lo que respecta a la dependencia de Dios. Aun cuando enfrentemos pérdidas, enfermedades, lágrimas, dolor, necesitamos estar firmes en nuestra confianza en Dios, que prometió la renovación de todas las cosas.
El mundo necesita mujeres que oren incesantemente, que demuestren fe en la incertidumbre, que no teman levantarse para defender lo que es correcto, que sean en la vida personal ejemplos de dependencia y transformación, que tengan un profundo amor a Dios y al semejante, que posean una mente ágil y clara para tomar decisiones importantes.
Que Dios te capacite para ser esa mujer. ¡La preparación para eso comienza hoy!


