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Al límite de las fuerzas

Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata.

Salmos 66:10

Cuando me di cuenta, mi mundo emocional, mis relaciones y mi espiritualidad se estaban desmoronando. Los dolores torturaban mi cabeza, estómago, espalda, piernas y articulaciones. Me dolía el alma.

Las noches eran insomnes; y los días, una jornada sobrehumana mientras intentaba cuidar a dos niños de ocho y tres años. Era común que anduviera por la casa derramando lágrimas. Fui perdiendo el sentido de la vida.

Oraba, pero no tenía respuestas. Mi esposo viajaba mucho e intentaba ayudar, pero ni yo misma sabía cómo podría ayudarme. Comencé a perder mi fe. «Dios no existe. Nunca necesité tanto de él y nunca me sentí tan abandonada». Sin alegría, esperanza ni placer, sintiendo que era un fracaso, no deseaba vivir más.

Mi mente comenzó a divagar, enferma. Entonces oré por última vez: «Señor, si existes realmente, haz alguna cosa ahora. Estoy volviéndome inconsecuente». Él sabía que estaba al borde del colapso y respondió: «Hija, ven a la Fuente».

Al comienzo dudé. «Si eres Dios, no tengo fuerzas». Entonces percibí su presencia. «Decide actuar, y yo te capacitaré. Vuelve a la Fuente, practica ejercicio, cuida de lo que comes y bebes. Trabaja tus emociones y practica un pasatiempo».

Al día siguiente, charlé con mis hijos y les dije que buscaría a Dios, la fuente, que intentaría ser una mejor mamá, y ellos me respetaron. Comencé a practicar ejercicio físico. Poco a poco conseguí dormir y mi día comenzó a mejorar.

Volví a cuidar mi alimentación y a tomar más agua. Y comencé a cuidar mi limpieza emocional. Encontré basura y escombros que dificultaban mi crecimiento: rabia, egoísmo, resentimiento, miedos, impaciencia, inseguridad, orgullo, baja autoestima, ignorancia e incapacidad para perdonar.

Como afición, comencé a garabatear pequeños textos y frases. Los garabatos se transformaron en capítulos, historias y, finalmente, en libros. Veinte años pasaron y los principios siguen vigentes.

Primero, voy a la Fuente. Después es el tiempo para actividades físicas que mantienen mi cuerpo saludable y mi mente sana, al mismo tiempo que estimulan el cuidado de mi alimentación.

Seguiré cuidando mi crecimiento emocional el resto de mi vida. Siempre habrá algo por mejorar. omneimitua la sup hovsm gb ¿Estás pasando por una situación semejante? Clama a Dios y cree que esa es una oportunidad que te da para llegar a ser una mejor persona y más útil al prójimo.

Un día, serás tú la que comparta una historia de victorias.